VIAJE A CHILE 2006

Crónica de nuestro segundo viaje conjunto, como matrimonio, a Chile 

(6 a 20 de Diciembre de 2006)

Por Viviana y Josep, con la inestimable colaboración de Josep y Viviana. Traducción de Viviana.

 

Este viaje, de entrada, se nos presentó complicado y accidentado, porque ya antes de comenzar a prepararlo tuvimos muchos problemas y sufrimientos, puesto que no encontrábamos ningún vuelo a un precio asequible para volver a Chile y prácticamente habíamos abandonado la idea de ir. Pero finalmente, después de insistir un día y otro, conseguimos encontrar plaza. En principio, teníamos planes de ir hacia allá por Navidad, pero no pudo ser. La alternativa que después de tantos intentos pudimos llevar a cabo fue ir unos cuantos días antes, aprovechando el puente de la Constitución. Ahora bien, la combinación de vuelos daba un poquito de miedo, ya que, a diferencia de las otras ocasiones, esta vez el vuelo de ida era una mezcla Iberia - Lan Chile que no habíamos hecho nunca antes y no sabíamos si nos daría problemas por culpa de los enlaces y la diferencia de vuelos. Para complicarlo todavía más, había las nuevas normas de seguridad aérea y, para postres, Viviana tenía un examen de japonés (el Nôken) dos días antes de salir y Josep trabajaba hasta el último día, lo cual complicaba más y más los preparativos previos. Con este panorama, todo parecía indiciar que habría poco tiempo y muchos nervios, y así fue. Por suerte, sólo se dieron en la ida y a la vuelta, ya que la estancia allá fue una delicia, tal como veréis a continuación en la crónica.

Notes: Si hacéis click en las imágenes las veréis más grandes. Tanto las imágenes como el texto están sujetas a copyright, y por tanto está prohibido reproducirlo en ningún sitio sin la autorización del autor.

 

EL VIAJE DE IDA

Los preparativos previos... los nervios de antes del viaje.

    Tal como hemos dicho antes, tuvimos problemas para conseguir hacer la reserva del vuelo, y eso ya nos condicionó mucho los preparativos, ya que sabíamos que tendríamos poquísimo tiempo para terminar de prepararlo todo; tanto el equipaje como los obsequios. Además, gracias a las nuevas normas de seguridad en los aeropuertos, había cosas que no podíamos llevar en el bolso de mano, y que en la maleta se podían romper, lo cual nos complicaba más este tema. Hicimos las reservas de avión por internet y además sin billete físico sino con cibertickets, que hasta entonces no nos habían dado ningún problema.

    Los preparativos, a pesar de todo, iban avanzando, ya que entre que Josep debía trabajar hasta el último día y que Viviana estaba ocupada preparándose para el Nôken, hubo bastantes problemas relativos a la disponibilidad, ya que además a Josep le vino una punta de trabajo y literalmente no tuvo nada de tiempo. Sumando la falta de tiempo, los nervios por el examen y los del viaje, además del santo de Viviana, fueron unos días bastante duros para ambos. El mismo día de la salida todavía estábamos completando el equipaje y liquidando cosas de la nevera. Suerte que salíamos al atardecer... Finalmente, llegó la gran hora y... hacia el aeropuerto, esta vez acompañados de Teresa, quien se ofreció a llevarnos.

 

Comienza el viaje de ida.

    Salimos de Barcelona con tiempo de margen por si hubiesen problemas, y suerte que lo hicimos así, porque a la hora de facturar el equipaje nos dijeron que nos cambiaban el vuelo hasta Madrid por otro que embarcaba unos 5 minutos después, ya que según nos informaban, el que teníamos asignado iba con retraso, y por tanto no nos habría dado tiempo de enlazar con el de Chile. Esto nos trajo muchos problemas; unos que os explicaremos ahora y otros que os explicaremos más adelante: tuvimos que lanzar a una papelera la sabrosa merienda que nos habíamos llevado para, en teoría, tomar con calma en el aeropuerto antes de embarcar, durante las horas que teníamos de margen, y tuvimos que hacerlo así, principalmente, por el famoso tema de los líquidos, pastas y similares que tienen en las medidas de seguridad, y también porque no habríamos tenido tiempo para consumirlo, ya que debíamos embarcar de inmediato. A continuación, tuvimos que ir a toda pastilla hasta la puerta de embarque, casi corriendo, debido a que el vuelo ya estaba embarcando. De hecho fuimos los últimos en entrar al avión. Por suerte, no tuvimos problemas ni con la seguridad ni con el control de pasaportes de salida. Esto nos puso todavía más nerviosos y nos desconcertó un poco, hasta que no nos pudimos recuperar, fuimos un buen rato atolondrados. El vuelo de Iberia, salió puntual y nos llevó a Madrid sin más incidencias, a excepción de que por desgracia nos sentaron en sitios separados por culpa del cambio precipitado y porque el vuelo iba lleno. No obstante, esto nos dio nuevas preocupaciones sobre el estado de nuestras maletas y si habría problemas por culpa del cambio de planes y si llegarían a destino. Más sufrimientos, nervios y preocupaciones.

    Ya en Madrid, dado que llegamos mucho más pronto de lo que estaba previsto, nos quedamos un buen rato aburridos sin mucho que hacer. Así que para aprovechar las horas que nos quedaban libres, nos conectamos a internet, en concreto al messenger y al foro donde nos conocimos, y también pudimos relajarnos, centrarnos un poco después de las tensiones tenidas, descansar y estirar las piernas antes que comenzase la parte más larga y pesada del viaje. También tuvimos algún rato para visitar la nueva terminal T4 (en nuestro caso la T4S) e incluso perdernos en ella. Cabe decir todo es muy moderno, bonito y espacioso pero los paneles informativos brillan por su ausencia, los recorridos son larguísimos y no está nada bien señalizado, por tanto tuvimos que preguntarlo en las ventanillas de información. Aquí podéis ver unas cuantas fotos de nuestra estancia en Madrid.

El techo de la terminal. Hay una cosa bastante curiosa, y es que parte de la luz de los focos se reaprovecha, ya que hay unas placas solares que generan electricidad para dar luz a los propios focos, de esta manera el sistema se retroalimenta y se ahorra electricidad. Muy ingenioso y moderno (y caro).

Los lavabos son también de última generación; sin llaves de paso en los grifos, todo lleno de sensores que detectan lo que quieres hacer...

... pero su estado es lamentable, como podéis ver: puertas que no cierran, mamparas medio desmontadas, bastante suciedad, sensores que no funcionan... ¡Vaya! ¡Un desastre! Donde haya la típica puerta con cerrojo y la típica "cadena de water", que se aparten las cosas de "diseño", que son muy bonitas pero frágiles.

Viviana en la terminal, sentada, descansando, esperando que pasen las horas para comenzar el vuelo.

Otra imagen de la terminal, para que os hagáis una idea de su enormidad. Una serie de enormes estructuras metálicas aguantan el techo. La calefacción también está muy bien situada y térmicamente es muy confortable.
Ya veis que esta terminal es enorme, y parece no acabarse. Hay pasadizos a diferentes niveles y numerosas puertas de acceso a los diferentes vuelos. Es sencillo perderse en este embrollo de puertas, pasadizos y salas.
Una vista de uno de los poquísimos paneles informativos de la terminal. Por megafonía daban constantemente mensajes repetitivos e inútiles y otros diciendo que mirásemos los paneles, los cuales costaba de encontrar. Además, la información que había en ellos era bastante pobre e insuficiente. Otra cosa que necesita mejorar mucho.
Viviana ya a punto de salir hacia Chile, vigilando las maletas. Nos llevamos una opinión más bien mala sobre esta nueva terminal del aeropuerto, necesita mejorar mucho. Parece mentira que con la de millones que ha costado tenga tantas deficiencias.

 

    Después de todas aquellas horas de espera que parecía que no se terminarían nunca, hacia las 12 de la noche por fin embarcamos para comenzar el larguísimo viaje de Madrid hasta Santiago de Chile, en esta ocasión, como novedad, a través de Lan Chile, por primera vez. Como todavía no habíamos hecho ningún vuelo con ninguna otra compañía que no fuese Iberia, la verdad es que eso nos tenía preocupados. ¿Cómo serían los aviones de Lan Chile? ¡Ahora lo descubriríamos! 

    Al entrar al avión, en apariencia, todo era similar a Iberia, ya que era el mismo modelo de avión y la distribución de los asientos era igual de estrecha que los de Iberia, pero bien pronto pudimos descubrir unas diferencias bastante agradables que nos sorprendieron, y muy favorablemente. Al sentarnos, vemos los asientos que eran mucho más modernos que los otros y, además, sorpresa, en la parte de atrás había una pantalla táctil. Además, en los reposabrazos había un control remoto que al mismo tiempo era teléfono. ¡Una pasada! Resulta que con aquellas pantallas podías ver pelis en dvd, jugar con el computador, oír música, responder encuestas, seguir la ruta del vuelo minuto a minuto y un largo etcétera de cosas. Casi parecía que fuésemos en clase Bussiness, con tantos servicios de entretenimiento. Como valor añadido, a diferencia de Iberia, que da "patucos" (y de hecho ya no los da, que hay que ahorrar en gastos), los de Lan Chile daban unos tapones para los orejas y una venda para los ojos, para poder dormir tranquilo, que nosotros bautizamos en broma como "Lantucos". ¡Se ha de felicitar a Lan Chile por el servicio que ofrece a los pasajeros! Es mucho mejor que el de Iberia. ¡Genial! 

    La anécdota negativa fue que al comienzo del viaje había un hombre (chileno, por su acento), que no paraba de hablar y hablar por el móvil, incluso cuando estábamos a punto de despegar. Además, no hacía ni caso a las azafatas y tuvieron que venir dos auxiliares de vuelo para ponerlo a tono e inclusive lo amenazaron de confiscarle el móvil. Pasada esta anécdota inicial, el vuelo fue muy agradable y entretenido. A modo de curiosidad, los alimentos que nos dieron eran todos de marcas chilenas y muy buenos. 

    Sin ninguna incidencia destacable, el vuelo duró 13 horas en total, además seguimos una ruta diferente a la que Iberia nos tiene acostumbrados, y llegamos con antelación a Santiago. 

 

¡... Y finalmente, Santiago de Chile!

    Ya en el Aeropuerto de Santiago, una de las primeras cosas que debíamos hacer era pasar el control de inmigración, pero como no podían faltar los "pequeños problemas", en primer lugar nos encontramos una cola enorme de gente, parecía que todos se habían puesto de acuerdo para llegar en el mismo momento, y para más desgracia, Viviana tuvo algunos incidentes en el control de entrada, ya que le pidieron un papel que le habían dado al salir de Chile -de lo cual ya había pasado poco más de un año-, así que lo tuvo que volver a rellenar. Y claro, como no se lo esperaba, se puso mega-nerviosa. Josep, en cambio, no tuvo ningún problema en este sentido.

    Pasado este primer mal trago, todavía nos esperaba otro: el equipaje. Como no llevábamos demasiadas cosas y además teníamos que retornar una maleta (la de los padres de Viviana), fuimos con una maleta dentro de la otra. Pero la preocupación era: ¿Habría llegado después de tantos pequeños incidentes? ¿Nos lo habrían abierto? ¿Habría desaparecido? Ya había pasado un buen rato desde el aterrizaje y eso nos tenía también preocupados. Así pues, fuimos rápidamente a la zona de recogida de maletas, y luego de buscar un poco, la vimos. Realmente nos espantamos ya que cuando la hallamos había desaparecido una cinta que le pusimos como medida de seguridad, y una de las cerraduras parecía haber sido forzada. La miramos y vimos que, a excepción de esto, lo demás estaba bien y la otra cerradura parecía intacta (por suerte, teníamos dos cerraduras), así que la recogimos y nos resignamos a la pérdida de la cinta de seguridad. Como llevábamos una maleta dentro de la otra, era complicado abrirla, o sea, que en principio lo dimos por bueno.

    Después de cambiar dólares y euros por pesos, fuimos al control aduanero, que pasamos sin problemas. Curiosamente, en vez de revisar el equipaje, lo pasaron por un aparato de Rayos X, lo cual les ahorra molestias a los pasajeros. Superado este punto, ya finalmente pudimos salir. Había pasado casi una hora entre una y otra cosa. Al salir, nos encontramos con una multitud increíble de gente que esperaba a los viajeros, entre taxistas, familiares, amigos, etc., verdaderamente no lo habíamos visto nunca. Por suerte, pudimos ver bien pronto a los padres de Viviana. Antes de saludarnos preferimos abandonar aquel lugar para de esta manera respirar un poco y no entorpecer la salida a la gente. ¡¡Finalmente, habíamos llegado a Chile y volvíamos a estar todos juntos!!

    Una vez más tranquilos y sin tanta gente, pudimos darnos los saludos de rigor. Ya había pasado casi un año y medio desde que nos vimos por última vez y el encuentro fue muy emotivo. A continuación, una vez comprobado que, efectivamente, en Chile era primavera y hacía bastante calor, fuimos hacia el coche para emprender la última etapa de nuestro viaje: el trayecto hasta Viña del Mar, donde podríamos finalmente relajarnos y descansar de tantas emociones.

Viviana en el coche de camino hacia Viña. Se puede ver la cara de felicidad y, a la vez, de agotamiento.

   

¡Por fin en Viña!

    El viaje hacia Viña tuvo algunas anécdotas, la más destacable fue que nos encontramos la misma peregrinación que Josep se había encontrado al regreso de su segunda visita a Chile, en el año 2004. A Viña llegamos  a eso de las 12 pasadas del mediodía.

En la izquierda, la foto de Viviana antes del viaje, en Barcelona, acabada de regresar de la peluquería. A la derecha, Viviana poco después de llegar. Podéis comparar su estado y el de su peinado en ambas fotos.

 

    Por tratarse del primer día, no hicimos gran cosa, porque estábamos hechos polvo, entre los nervios y las tensiones de los últimos días, así como las producidas por el viaje así como también por casi no haber dormido, sumado al agotamiento y al jet-lag. Al día siguiente, ya más recuperados, comenzaría la estancia y las actividades previstas.

 

LA ESTANCIA EN VIÑA DEL MAR

La preparación de la Navidad

En Chile, más que pesebres, lo tradicional son los árboles de Navidad, y aquí tenéis un ejemplo.

Pero también, en muchos casos, se pone el pesebre. En casa de los padres de Viviana, por ejemplo, pusieron las dos cosas. He aquí un detalle de un muy original pesebre navideño.

En vez de turrones, por Navidad es más típico comer Pan de Pascua (hecho con fruta confitada), y también por estas fechas es bastante tradicional preparar galletas con motivos navideños, como las de la foto, preparadas por la tía Rosita.

 

Intercambio cultural culinario

    Durante el viaje realizamos algunos intercambios culturales de tipo gastronómico, es decir, probamos las delicias de la cocina chilena y nuestra familia probó y aprendió algunas recetas de la península ibérica.

    Por ejemplo, un día, en el supermercado compramos fresones, lo cual en principio, dicho de esta manera, no quiere decir nada del otro mundo. Pues bien, lo que le dio el toque especial, es que Josep los preparó según la receta catalana de su familia... mmmm... ¡quedaron buenísimos!

    También, otro día hubo una clase teórico-práctica, impartida por Josep, sobre cómo preparar la tan tradicional tortilla española de patata y cebolla. La madre de Viviana demostró los conocimientos adquiridos y cocinó una ella misma.

    La última clase fue impartida por la madre de Viviana, y trató sobre la preparación de las famosas empanadas chilenas. Aunque la más tradicionales son las rellenas de "pino", también hubo con queso. Quedaron buenísimas, y tenía todo muy buena pinta, tal como podéis ver en las siguientes fotos:

Los fresones a punto de ser devorados. Unos postres de lo más dulce.

Ahora toca el turno de las tortillas de patata y cebolla. Las dos primeras, terminadas por Josep, mientras que la tercera es totalmente preparada por la madre de Viviana.

Ya para acabar con este apartado, tenemos de izquierda a derecha el antes, el durante y el después del proceso de cocción de las empanadas chilenas.

 

Con Mari

Una de las primeras fotos del reencuentro.

Mari observando el regalo que le trajimos desde Barcelona.

Foto de Mari en compañía de Josep y Viviana.

Aquí nuestro fotógrafo pilló a Mari por sorpresa.

En cambio, en esta fotografía, Mari y Viviana se prepararon para salir bien, al lado del árbol de Navidad.

Ahora podemos ver el momento en el que Mari le entrega un regalo de su parte a Viviana.

Esta foto pertenece al día en que Mari vino con sus padres, pocos minutos antes de volver a casa.

  

La muerte de Pinochet

    A los pocos días de estar en Chile, mientras todavía nos estábamos recuperando del jet-lag y después de una siesta, nos dicen que Pinochet había muerto al mediodía. Fue una sorpresa, ya que justamente se decía que iba mejorando y pronto recibiría el alta. Se ve que sufrió una nueva y fulminante crisis cardiaca que lo llevó en poco tiempo a la muerte. En todos los canales daban informativos y reportajes especiales sobre este traspaso. Con la cámara hicimos algunas fotos a aquello que se vio por televisión. Hubo incidentes en Santiago y en Valparaíso. Por suerte, Viña quedó un poco aparte, y eso que lo incineraron bien cerca, en Con-Con, dentro de la municipalidad de Viña. Esta noticia puso en manifiesto la gran división que hay dentro de la sociedad chilena actual entre partidarios y detractores del ex-presidente y dictador.

    Curiosamente, a los pocos días de la muerte del general, la sociedad chilena parecía olvidarse del tema y centró su atención en el mundo del fútbol, en el cual uno de los clubs con más carisma de Chile, el Colo-Colo, se enfrentaba a un equipo mexicano en una final de un campeonato sud-americano. 

    Otra curiosidad fue el terremoto. Poco después de morir Pinochet hubo un pequeño terremoto, pero que se notó claramente. Si hubiese sucedido en Catalunya habría sido noticia de primera página, ya que se percibió y de manera bastante marcada, pero para los chilenos fue "normal", y de hecho ningún medio de comunicación se hizo eco del mismo. La curiosidad es que decían, en broma, que el causante del terremoto era el portazo que le habían dado a Pinochet al querer entrar en el cielo.

    Y seguidamente, algunas fotos, capturadas muchas de ellas directamente del televisor:

Partidarios del general Pinochet manifestándose en Santiago.

El gobierno decidió que no habría honores de estado, sino sólo honores de general, que era el cargo que todavía mantenía. La única representación fue la de la ministra de defensa.

Algunos de los partidarios de Pinochet le dan el pésame a la familia del ex-presidente.

Los cadetes de la Escuela Militar rinden los últimos honores durante el funeral.

El féretro con los restos del ex-dictador avanza en comitiva encima de un cañón, tal como marca el protocolo militar.

Tal como hemos dicho, a los pocos días de la incineración, el fútbol pasó a ser el protagonista. Aquí podéis ver una camiseta del Colo-Colo (una especie de Barça a la chilena), que por cierto perdió su enfrentamiento, lo cual dejó a una buena parte del país muy triste y deprimida.

 

El encuentro familiar

Una primera imagen del grupo al comenzar el encuentro.

El tío Emilio con su mujer.

El padre de Viviana en una especie de duelo fotográfico: él le estaba haciendo la foto mientras ella también estaba "atacando".

La tía Rosita con uno de sus cuñados, el tío Pepi.

Karina con su novio, Juan Carlos.
La tía Pilar con Karina.

De izquierda a derecha: Fernando, Angélica, Fernanda, Alejando y la madre de Viviana.

Karina y Viviana. ¿Verdad que se parecen mucho?

Viviana con la tía Rosita en una última foto del encuentro.

 

Encuentros diversos

Una pequeña muestra de la primera visita que nos hicieron durante este nuevo viaje. Aquí tenemos a Karina, Juan Carlos, la tía Rosita, los padres de Viviana y Viviana.

De izquierda a derecha: los padres de Mari, la madre de Viviana, Mari y Viviana.

Mari, tomada por sorpresa intentando resolver un rompecabezas, del cual os hablaremos a continuación, y Viviana, abriendo un regalo de parte de la madre de Mari.

Momento de concentración total, mientras Viviana enseña esta bufanda tan bonita, un regalo ideal para el regreso a Barcelona.

Mari con sus padres.

 

El Rompecabezas

    Un buen día, la madre de Viviana sacó un rompecabezas de "sólo" 500 piezas para ponernos a prueba. Como coincidió con el día que Mari fue a vernos, ella también participó poniendo su granito de arena. Finalmente, con la ayuda de Mari, Josep y de mamá, lo conseguimos terminar. Aquí tenéis algunas imágenes de muestra para que podáis ver los progresos.

El puzzle en sus inicios.

Vamos avanzando... 

Viviana con el puzzle ya terminado.

 

Con el Guzmán

    Aprovechando nuestro paso por Chile, un día nos juntamos con Manuel Guzmán, un compañero de club de ajedrez de Josep, para llevarle los trofeos conseguidos durante el año.

La familia Guzmán al completo, con Manuel, su señora Olga -que también juega ajedrez- y su hija que lleva el mismo nombre de la madre.

Los tres jugadores del Congrés. Como curiosidad, Manuel lleva una camiseta relacionada con un torneo de ajedrez que se juega en Catalunya.

 

Las playas de Viña al verano

Una imagen global de cómo estaba la playa el día que fuimos.

Detalle de la escultura hecha con arena que se ve a grandes rasgos en la foto anterior, la cual no podíamos dejar sin fotografiar de más cerca. Impresionante, ¿verdad?

La parejita Josep y Viviana con la playa de fondo.

Una vista más detallada de la playa. Destacan el océano "pacífico", la gente que se ve y el muelle de lejos. 

Ahora nos comenzamos a alejar un poco... Por cierto, este imagen la hemos dejado en alta resolución para que la veáis con más detalle.

Una imagen del rompeolas. 

 

Imágenes diversas de nuestra estancia

Vista global del tan famoso Casal Catalán del cual hemos hablado en anteriores crónicas.

Aquí podéis ver el instituto donde Viviana recibía clases de inglés.

Un zorzal, un tipo de pájaro muy común allá. 

El edificio que en anteriores visitas estaba en obras, y que por fin ya está acabado.

Un par de imágenes del reloj de flores de Viña.

La parroquia San Joan Bosco de Valparaíso, fotografiada desde el coche.

Imagen de una típica calle de Valparaíso. Si os fijáis bien, veréis que al fondo hay un ascensor.

Un típico trolebús de Valparaíso.

Edificio del Congreso Nacional, ubicado en Valparaíso.

Otro ejemplo de arquitectura típica de Valparaíso. Si nos fijamos bien, hay otro ascensor.

En Viña del Mar, por fin disponen de metro, el cual en el anterior viaje se hallaba en obras, en cambio ahora ya está en funcionamiento. Aquí podéis ver la entrada de una de las estaciones.

Esta imagen pertenece a otra visita a Valparaíso, más concretamente a cuando fuimos al Cerro Cárcel. Se puede ver la ex-cárcel, arriba a la derecha, y a la izquierda, el cementerio.

Otra imagen donde se puede ver con un poco más de detalle la torre de vigilancia de la ex-cárcel, además del gran desnivel que hay.

Aquí lo que más destaca es el dibujo que hay pintado en la pared, en que se ve un organillero.

Aquí estamos bajando del Cerro Cárcel, aquella pendiente que habéis visto antes.

Esta casa nos suena mucho...

Una pequeña muestra del boom urbanístico que comienza a haber en Viña del Mar, en detrimento de la arquitectura tradicional.

Mientras paseábamos, esta fue una de las victorias que nos encontramos.

El Casino Municipal de Viña del Mar.

Y para acabar, dos imágenes de casas típicas de Valparaíso.

 

La fundición del abuelo

Desde la casa de la tía Camila, se puede ver la parada de los microbuses que pasan por allá y que usamos para llegar. Por cierto, que el estado de las "micros" es, en general, muy lamentable.

La entrada de la fundición.

En esta imagen, una vista de cómo es la fundición por dentro.

He aquí la entrada del taller donde Viviana trabajó durante un tiempo.

De izquierda a derecha: la madre de Viviana, la tía Camila y la tía Rebeca.

Un primer plano del abuelo de Viviana.

 

Con la familia

Viviana y Josep.

Los padres y hermanos de Viviana: Pedro, Virginia, Esteban y Daniel.

Una nueva versión de la foto famosa de los tres hermanos, esta vez con el árbol de Navidad de fondo.

 

La iglesia de las Carmelitas

    Hace algunos años, un terremoto destruyó la parte superior del campanario de la iglesia de las Carmelitas. Después de un tiempo de colectas y proyectos, los responsables de la parroquia decidieron reconstruirlo. Y como todos nuestros viajes a territorio chileno tarde o temprano tienen relación con Las Carmelitas, aquí os ofrecemos una especie de reportaje cronológico y comparativo para que veáis cómo ha ido evolucionando la reconstrucción desde el año 2003 en adelante.

De izquierda a derecha: el campanario antes de comenzar las obras (año 2003), después durante la reconstrucción (año 2004) y finalmente podéis ver la iglesia en su estado actual (año 2006).

  

 

EL REGRESO

El problema del regreso

    Un buen día, Josep mira en la web de Iberia y... ¡sorpresa! ¡en su reserva había desaparecido Viviana! ¿Qué había pasado? Intenta llamar al número de información pero desde Chile no se puede comunicar, sólo es válido en España. Pasó todo un mal trago ya que no podía hacer prácticamente nada. Por suerte, pudo contactar con su hermana, la cual desde Catalunya pudo resolver el embrollo. 

    Realmente, todo era consecuencia del "famoso" cambio del vuelo de ida. Era el problema adicional que el cambio nos había provocado (del cual ya hemos hablado antes). Resultaba que a Viviana le habían asignado otro código de reserva. El operario que hizo el cambio debería realizar algún movimiento de las reservas de vuelo y el resultado fue este. El vuelo era correcto, la plaza la tenía, estaba todo pagado, etc., pero tenía asignada otra reserva. Era el primer pequeño problema que teníamos con el ciberticket. 

    Seguramente en el aeropuerto no habría pasado nada, ya que estaba todo controlado, pero el mal rato no nos lo quitó nadie. Fueron unos momentos de mucha tensión y nervios por culpa del famoso cambio inicial.

 

Los preparativos y... ¡hacia el aeropuerto de Santiago! 

    Después de todos aquellos días, con el mal trago de la reserva de Viviana resuelto, con más bien pocas visitas turísticas pero muchos días de descanso y tranquilidad que necesitábamos, encuentros con amigos y familiares y múltiples regalos mutuos (que ya veríamos cómo pondríamos en el equipaje), tocaba prepararse ya para el regreso. Josep recuperaba su maleta "original" (que había dejado en Chile hacía más de un año), y Viviana aprovechó para llevarse más cosas que había dejado en casa de sus padres. 

    En el equipaje llevábamos algunos líquidos y cosas frágiles, muchos de ellos regalos, que esta vez no podíamos traer en el bolso de mano gracias a las normas de seguridad. Así que nos tuvimos que arriesgar a traerlas en las maletas, esperando que aguantasen las sacudidas a las que serían sometidas. 

    Finalmente llegó la hora de marchar, así que emprendimos el camino hacia el aeropuerto. En teoría, nuevamente salíamos con tiempo de sobras, por si acaso. Y de hecho, suerte que lo hicimos así, ya que nos equivocamos de camino y nos desviamos ligeramente, pero por suerte volvimos al camino correcto, no perdimos mucho tiempo, así pues quedó nada más que en una anécdota.

Viviana a punto para emprender el camino de regreso.

 

    Al aeropuerto llegamos con tiempo, pero había mucha cola para facturar el equipaje. Ningún problema con las reservas ni con ninguno de los trámites del chek in. Por culpa de estos retrasos, tuvimos que entrar rápidamente en la zona de seguridad, ya que la salida del vuelo se acercaba, así que nos despedimos de la madre y de Esteban, que nos acompañaron, y continuamos el camino. Tampoco tuvimos ningún problema con el control de pasaportes de salida.

    Una vez en la zona restringida, tuvimos que esperar un poco hasta que se inició el embarque. Pudimos ver algún control de seguridad adicional y aleatorio. Cabe decir que los sistemas informativos del aeropuerto de Santiago eran todavía peores que los de Madrid (que ya es mucho), ya que, aparte de la información que nos habían dado en el check in, no había manera de confirmar ni la puerta ni la hora del embarque, ya que no había ni un solo panel informativo y por megafonía no decían nada. Había pantallas pero estaban destinadas a poner reportajes turísticos sobre Chile (¡¡a la salida ponen reportajes turísticos!!). Por suerte, no hubo error alguno y tanto la puerta como la hora eran correctas.

    Pudimos embarcar sin más incidencias en el vuelo de Iberia. Por fin comenzaba el largo vuelo de regreso.

El avión que nos llevó hasta Madrid y, a la derecha, Viviana esperando que llegue el momento del embarque en los cómodos asientos de las salas de espera del Aeropuerto de Santiago.

 

Hacia Madrid y después a Barcelona

    Nada más entrar en el avión nos volvimos a encontrar con la "cruda realidad" de los vuelos de Iberia, corregida y aumentada: asientos muy estrechos, sin las sofisticaciones de Lan Chile, la pantalla de televisión estaba muy lejos (demasiado) y además a menudo otra gente la tapaba, las películas malas, etc. ¡¡Qué diferencia!! Pero como teníamos asientos de ventanilla, nos pudimos poner juntitos el uno contra el otro y pudimos dormir aunque no mucho, sólo un poquito. El vuelo duró 12 horas y también siguió una ruta diferente, ya que iba por la costa chilena, en vez de atravesar Argentina.

    Llegando a Madrid, ya descubrimos que pasábamos del verano al invierno, ya que los más de 20 grados de Chile se transformaban en -1 en la capital española. Además, tuvimos que salir a la pista para ir con el típico autobús, y esto nos hizo notar todavía más el frío.

    En el avión nos habían dicho la puerta por la cual salía el enlace con Barcelona, y nuevamente "tocaba" perderse por "nuestra querida" terminal T4S y "disfrutar" de la desinformación. Hallamos la puerta que nos habían indicado, pero resultaba que de allá salía un vuelo hacia Londres con retraso. ¿Dónde estaría la nuestra? En el panel informativo (obviamente situado a gran distancia) estaba anunciado el vuelo, pero sin puerta asignada. De golpe, cuando ya llevaba un poco de retraso sobre la hora en que tocaba embarcar, vemos que en el panel pone "embarcando...", pero seguía sin decir la puerta (¡¡!!) ¡¡Alucinante!! Así pues, fuimos a un mostrador de información de Iberia donde había... cuatro personas (¡¡!!) (que, por cierto, no atendían a nadie: uno leía el diario, el otro jugaba con el ordenador, el otro hacía un sudoku y el otro estaba absorto). Después de hacerles saber discretamente que allá había unas personas (nosotros) deseando información, les preguntamos por la puerta y, tras mirárselo un ratito (¡¡hicieron falta dos personas para averiguarlo!!) nos lo dijeron, y era otra diferente respecto a la que nos habían indicado en el avión. Por suerte, estaba bien cerca y pudimos emprender el vuelo, así pues, nuevamente volvimos a ser de los últimos en subir, para variar. 

    Dentro del avión el trabajo fue poner el equipaje, ya que estaba bien lleno, y las azafatas, que normalmente son muy amables, no nos ayudaron nada.

    Realmente, el Aeropuerto de Madrid nos decepcionó, y muchísimo, tanto en el vuelo de ida como en el de regreso: desinformación, falta de atención y de servicios como debe ser, todo enorme pero mal comunicado, todo nuevo y "de diseño" pero en pésimo estado de conservación o echado a perder, descoordinación, etc. 

    De todas maneras, Madrid quedaba atrás y ahora tocaba el vuelo hacia Barcelona.

Viviana esperando en los incómodos asientos del Aeropuerto de Barajas que por fin se decidiesen a asignarnos una puerta de salida para nuestro vuelo.

 

    El vuelo Madrid - Barcelona fue "normalito", la única sorpresa digna de destacar fue cuando el piloto nos dijo que en Barcelona estaban a 3 grados.

    En el aeropuerto, lo primero era pasar el control de entrada. Esta vez, como Viviana ya tenía el permiso de residencia, no le pusieron el más mínimo impedimento. De hecho fuimos de los primeros en superar este control, y después nos tocó esperar un buen rato las maletas, después de intentar adivinar la cinta por la que saldrían. Por suerte, la acertamos y, después de unos minutos de nervios y preocupación, aparecieron ambas sin ningún desperfecto aparente. Los sufrimientos habían acabado, por lo menos de momento.

    A continuación, luego de pasar el control aduanero, donde no hubo ningún problema, salimos a la terminal y tomamos un taxi, después de esperar un poco.

    Llegamos a casa sin problemas y rápidamente, a pesar de ser hora punta, ya que el taxista siguió una ruta alternativa que estaba bastante descongestionada. La sorpresa fue al llegar a nuestro barrio, ya que nos encontramos que estaban derribando el histórico cuartel de Navas. Lo vivimos en directo. 

    Una vez en casa, no tuvimos tiempo de relajarnos, ya que Viviana tuvo que marchar a mil por hora hacia clases de catalán, pese al jet-lag, y a Josep le tocó volver a "poner en marcha" el piso y además comprar víveres para poder almorzar.

    Un rato después, una vez regresamos ambos de nuestros respectivos quehaceres, pudimos abrir el equipaje y ver que todo había llegado en perfectas condiciones, por suerte. Había finalizado este largo viaje y ahora tocaba recuperarse del jet-lag y reiniciar las "rutinas" habituales del día a día, además de preparar la Navidad que se acercaba, pero esto ya es otra historia.


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Data de la darrera actualització: 23-01-2007